Mi padre se fue el viernes a Miami a probar suerte en el trabajo. No lo dejaron pasar y lo retuvieron allí hasta ayer, que lo deportaron directamente sin decirle nada más, aunque tenía todos los papeles en regla y blah blah. Es una completa mierda, y perdón por la palabra. Habíamos puesto muchas esperanzas en este viaje y ahora lo único que tenemos es un vacío en la cuenta por culpa de todos los gastos (no estoy diciendo que nos hayamos quedado sin dinero, ni mucho menos, en eso seguimos bien, pero sigue siendo dinero perdido, oye). Así que ahora él está en Madrid y nosotras buscando como locas billetes para que puedan volver aquí. Mi padre y yo lo estamos llevando más o menos bien (los dos somos de creer mucho en el destino, así que creemos que si esto ha pasado es por algo), pero lo que es los demás, parecen no estar llevándolo muy bien.
Bueno, ya es domingo, ya está en España y no podemos hacer nada más, quizás ahora pruebe suerte yéndose a Alemania (¡ojalá!).
Yo me voy ya, que tengo muchas cosas qué hacer, ¡un beso, blogger!
Previendo la estresante mañana que iba a tener, decidí empezar la mañana con una taza de chocolate caliente con espuma y canela, ñam

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